La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

En la fe cristiana, existe un apartado importante en cuanto a la alianza que tienen los feligreses para con Jesucristo, el cual es conocido como la adoración al Sagrado Corazón de Jesús, hecho que es muy venerado especialmente en los países de América Latina, donde tiene un profundo arraigo, sobre todo por parte de las damas en edad adulta.

De acuerdo con los relatos de esta religión, tal devoción surgió a partir del encuentro que sostuvo el Hijo de Dios con Santa Margarita de Alacoque, a quien le habría mostrado su pesar por el constante desprecio e insultos que recibía en su corazón por parte de los seguidores del cristianismo, pero de manera muy especial de quienes estaban a sus servicios.

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Aun así y enmarcado en la profundidad de su amor profesada hacia la humanidad y en el amor al prójimo que promovió durante sus años de ministerio en Judea, Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, una serie de bienaventuranzas para quienes admiran y profesan su fe al Sagrado Corazón.

Así las cosas, Jesús de Nazaret dio su palabra de garantizar la paz familiar a quienes se cobijan bajo su manto y a quienes expresan devoción a su Sagrado Corazón; así como también ofreció la bendición de cada uno de los hogares y las empresas donde es reconocido como el Hijo de Dios y Salvador de la humanidad.

En el encuentro, el Nazareno también mencionó sus intenciones de repartir misericordia a quienes tomen la comunión durante los primeros días viernes de cada mes, de manera consecutiva durante nueve veces, a quienes también les aportará la gracia de su perseverancia.

Otra de las promesas de Jesús a Santa Margarita, fue  el de iluminar con sabiduría a los sacerdotes para que puedan guiar de manera correcta, a las personas que tengan un escudo en su corazón.

Condiciones para conseguir su gracia

El Hijo de Dios puso una serie de condiciones para poder ganar su gracia; una de ellas era comulgar sin interrupciones los nueve primeros viernes de cada mes, así como también tener la intención de enaltecer la imagen del Sagrado Corazón para alcanzar la firmeza final y prometer cada comunión como un hecho de arrepentimiento por los agravios contra el Santísimo Sacramento.

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